ALGUNAS REFLEXIONES LUEGO DE LA GIRA DE CHARLAS Y DONACIONES EN ESCUELAS
 

14 de Julio 2009

Hace tiempo ya que venimos escuchando hablar a nuestros políticos y funcionarios sobre el famoso “sentido del bien común” y me incluyo entre los que repetimos ese concepto asiduamente en charlas, presentaciones, notas y artículos.

¡Tenemos que tomar conciencia del bien común!, repetimos (y escuchamos). Lo que, en definitiva, no es más que asumir una verdad de Perogrullo, tan obvia, que hasta cuesta explicarla...

Esta “globalización” en la que hemos ingresado, inexorablemente, nos ha ido haciendo tomar conciencia de que estamos todos subidos al mismo barco y, utilizando la metáfora del barco, nos ha demostrado a golpes que éste no es muy grande, que le falta bastante mantenimiento, que hace agua por varios lados, que no hacemos nada por salvarlo realmente, etc., y, finalmente, la aparentemente menos evidente de las verdades: que sólo si nos va bien a todos... nos irá bien a todos...

¿Redundante no? No por ello menos cierto.


A partir de esa idea, me sentí con la fuerza para recorrer despachos y oficinas intentando “evangelizar” sobre la necesidad de informatizar al sector agropecuario intentando transmitir esta obviedad y tratando de convencerlos de que tenemos que entender que de nada sirve darle un crédito a un millonario, es decir, de poco nos sirve a todos, como conjunto, que las mejores cosas, ya sean ellas conocimientos, oportunidades, etc., les lleguen siempre a los mismos, ya que si no, giramos como el perro mordiéndose la cola y que con un poco de esfuerzo de parte de todos, podríamos intentar emparejar un poco el juego, etc., etc.

Parece fácil ¿no?

A pesar de haber sido amablemente recibido en varios despachos de distintos funcionarios y no habiendo logrado, hasta ahora, más que algunas palmadas en la espalda, el clásico “nosotros lo llamamos” y felicitaciones por los proyectos y premios obtenidos, decidimos intentar poner en práctica lo que predicábamos, y ver si, de esta forma, lográbamos que los funcionarios de turno, más ocupados en elecciones y cuidar “quintitas” que en cumplir con los deberes naturales (toda generalización es, desde ya, injusta) se dieran por enterados de lo que se hace desde el sector privado para aportar un granito de arena, sin mencionar que ni siquiera se percatan del rédito político que tendría un programa de alfabetización informática en el sector agropecuario.

Ante la nada existente, los resultados se verían rápido... en fin.
Ni mencionemos la cantidad de PC ya obsoletas que están arrumbadas en escuelas rurales que... ¡no tienen luz!

Fue entonces que, charlando con mi amigo Juan Carlos Bregy, (vale mencionar que, merecidamente, todos los años me gana el premio como mejor educador, ¡y hasta he tenido que ir alguna vez a recibirlo por él!), surgió nuestra propuesta de organizar charlas sobre gestión y uso de herramientas informáticas, ya que veníamos notando que varias instituciones educativas como la Universidad Nacional de Morón o la de Jujuy, o escuelas agrarias desde la de Ushuaia hasta Casilda, se interesaban en la temática.

Así fue que, luego de coordinar con las instituciones que se anotaron a través de FEDIAP en el programa, concretamos en mayo los dos primeros viajes que sumaron más de 3500 Km. Y que nos permitieron conocer los institutos agrotécnicos de Realicó (La Pampa), Salazar (Buenos Aires), San Benito y Villa Urquiza (Entre Ríos).
Ya en esta primera experiencia pudimos ir confirmando nuestro diagnóstico sobre la desconexión existente entre la industria del software y el campo y la falta de apoyo oficial a estas instituciones. Pero, contrastando con ello, comprobamos la gran avidez y apertura de la gente que asistió en muy buena cantidad (profesores, alumnos, productores, profesionales, medios de prensa, etc.) hacia estas herramientas y las ideas de incorporarlas como una más al trabajo diario en el campo.

Conocimos historias de vida que van desde chicos que viven en los institutos por estar lejos de sus hogares, pasando por gente emigrada de Capital Federal que hoy vive en pequeños pueblos del interior (como es mi caso), hasta profesores y autoridades que han recorrido, en algunos casos durante años y aún hoy, kilómetros de barro y tierra en carro de caballos para llegar hasta su lugar de trabajo. Todo esto, más la extrema amabilidad con que fuimos recibidos en cada lugar, nos hizo sentir un profundo agradecimiento hacia cada una de las personas que conocimos y que pelean desde la primera línea del frente de batalla para lograr “democratizar” el conocimiento e incorporar en los alumnos esa conciencia del bien común de la que hablábamos al comienzo de la nota.

Nos llevamos también, aparte de la calidez de la gente, mucha inquietud ante el futuro y la falta de políticas hacia el sector, preguntas de los medios sobre cómo veíamos el futuro del campo (¡ojalá uno lo supiera!), etc.

En definitiva, todos sabemos que, a pesar de las políticas erráticas, de la falta de apoyo, delos innumerables sacrificios que realiza toda esta gente, la producción de alimentos tiene el éxito asegurado como actividad económica, en el futuro de la humanidad. Lo lamentable, y que uno hubiese querido responder ante cada pregunta, es el “mientras”... Mientras se pelean por los votos, se cierran tambos, se venden hembras reproductoras, gente pierde el trabajo y, lo peor, los chicos ven con temor cómo se puede ir perdiendo la ilusión y el futuro. Increíble. Bueno, luego de esos 3500 Km. hechos, de las charlas y donaciones que realizamos, nos quedan: la ilusoria sensación de haber aportado algo, la alegría de haber conocido gente que realmente lucha por hacer grande al país y la esperanza de que el recambio generacional que producirán estos chicos con la informática ya incorporada desde el comienzo, pueda ayudar a concretar el giro necesario para cambiar la realidad que nosotros, hasta ahora, no supimos lograr.

Autor: Martín Aboaf Petit de Murat, Director General GESTAMBO

 
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